Los lazos familiares y afectivos en el plano espiritual

¿Las familias continúan en el más allá?

Sí, pero de manera diferente. En la Tierra, la familia es sangre y papel. En el plano espiritual, la familia es vibración y afinidad. Es un conjunto de almas que se aman y se acompañan, aunque su relación sea distinta.

En «Nuestro Hogar», hay salones de reencuentros. Allí, las almas que se aman se encuentran. He visto a abuelos abrazando a nietos, a parejas reconciliándose, a hermanos que dejaron de hablarse en la vida física pidiendo perdón.

En esos encuentros, hay lágrimas de luz y palabras que no son palabras. Se comunican sin voz, a través del pensamiento y del corazón. Una mujer que perdió a su hijo de cinco años lo volvió a ver. Lloró: “Pensé que no te volvería a ver jamás.” Él le respondió: “Siempre estuve contigo, mamá, en tus sueños, en el olor de las flores, en la música que escuchabas. Ahora podemos hablar.” Ese encuentro la sanó. La madre volvió a la Tierra con paz. El lazo continuó.

No todas las familias permanecen juntas como en la Tierra. A veces, las almas deciden emprender caminos diferentes. Un padre que fue muy autoritario se encontró con su hija en el astral. Ella lo escuchó, lo perdonó, pero decidió seguir otra ruta evolutiva. Él lloró. Quería tenerla cerca, pero respetó su elección. Ese acto de respeto fue un gran avance para él. Comprendió que el amor no posee. La verdadera unión no es estar siempre juntos, sino desear el bienestar del otro, esté donde esté.

Los amores románticos también continúan. Pero en el astral no hay celos ni exclusividad. Un espíritu me contó que, al llegar, se encontró con dos amores de vidas diferentes. Al principio, se sorprendió: “¿A cuál elijo?” Un guía le dijo: “No tienes que elegir; el amor no compite. Cada vínculo es único.” Aprendió que el amor es expansivo. Se reunían, conversaban sobre sus vidas, agradecían lo vivido y luego seguían caminos distintos. En el plano espiritual, uno puede amar a varios sin confundir. La fidelidad no se mide en tiempo junto, sino en sinceridad.

Hay familias que se reagrupan para planificar nuevas encarnaciones. En un salón de planificación, vi a un grupo de almas decidiendo las futuras relaciones: “Yo seré tu madre esta vez”, “Yo seré tu hijo”, “Yo seré tu mejor amiga”. Lo hacían con amor y humor. Se reían al imaginar a un espíritu serio ser niño travieso, a uno tranquilo ser padre autoritario. Sabían que esas experiencias les ayudarían a crecer. La familia en el astral no es casual, es un acuerdo consciente. En la Tierra, lo olvidamos, pero al regresar, recordamos y sonreímos: “Ah, ya veo por qué mi hermano me desesperaba tanto: era para que aprendiera paciencia.”

Las almas afines, aunque no compartan sangre, también se reúnen. Un grupo de músicos que se amaron en la Tierra continúa creando en «Nuestro Hogar». Se juntan en un anfiteatro y componen melodías que se escuchan como luces. Un grupo de científicos sigue investigando juntos. Un grupo de maestros sigue enseñando. Las almas se agrupan por afinidad vibratoria. Es un reencuentro de familia de espíritu.

Un espíritu me contó que, al encontrarse con su suegra, ambos rieron: “¡No volveré a mandarte a callar!” “Y yo no volveré a opinar sobre tu comida.” Se abrazaron. Ese humor sanó lo que en la Tierra parecía irreconciliable. El humor en el astral desactiva tensiones.

En ocasiones, nos preguntamos qué pasa con las almas que no llegaron a Nuestra Colonia, que se quedaron en regiones inferiores.

¿Significa que la familia se pierde?

No necesariamente. Los guías nos permiten visitarlas. Un padre que está en un plano de sufrimiento puede recibir la visita de su hijo que ya está en una vibración más alta. Es un gesto de misericordia. El hijo no desciende a su sufrimiento; lo ilumina con amor. Esa visita puede ser la chispa que el padre necesita para elevarse. Así, el amor de familia se convierte en salvavidas.

Finalmente, comprendemos que las familias son escuelas. Nos elegimos para aprender. A veces, el padre es el maestro y otras, el alumno. A veces, el hijo enseña al padre. En el astral, vemos el mapa completo y nos damos cuenta de que, aunque en la Tierra discutimos o sufrimos, todo tenía sentido. Nos perdonamos y celebramos. Y, en ese abrazo cósmico, la palabra “familia” se expande más allá de la sangre.

Se convierte en “familia universal”.

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