Mensaje de un ser espiritual justo antes de bajar y reencarnarse en este mundo.

Soy chispa que recuerda el fuego del origen.
Soy semilla en el jardín de las estrellas, aguardando el instante de caer en la tierra fértil del tiempo.

He visto mis huellas antiguas, los pasos que dejé en otros cuerpos, los nombres que alguna vez pronuncié y los silencios que también lastimaron. Los guardo en mí como materia viva, arcilla que aún debe transformarse.

He elegido. Sí, he elegido.
No fue un mandato de nadie, fue mi propio pacto con la vida.
Elegí los padres que me darán cobijo y espejo, elegí los amigos que me tenderán la mano, elegí también a quienes me pondrán pruebas y me mostrarán mi sombra. Todo está tejido como escenario donde mi libertad aprenderá a danzar.

Bajo sabiendo que olvidaré.
El velo cubrirá mi memoria y gritaré en la cuna sin recordar, que yo mismo acepté esa cuna. Pero aún en la amnesia, algo en mí sabrá. Un latido, una intuición, un sueño fugaz me recordarán que no soy carne perdida, sino espíritu en tránsito.

No temo a la herida: será maestra.
No temo a la pérdida: será apertura.
No temo al amor: será el fuego que me devuelva al origen.

Hoy salto del silencio eterno al murmullo de la materia.
Hoy me visto de tiempo, de piel y de memoria corta.
Hoy camino hacia abajo para crecer hacia arriba.

Y, al caer en el abrazo de la tierra, llevo dentro un secreto:
soy luz disfrazada de sombra, soy eternidad fingiendo ser instante, soy canto que regresa a su partitura.

Que me llamen por un nombre, que me den una historia, que me olviden o me amen; nada de eso me quita lo que soy.
Porque yo, antes de nacer, ya decidí ser.
Y, lo que decidí, fue recordar la eternidad que nunca se pierde.

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