Clara, 22 años – Sevilla

“Cuando tenía 8 años, mi abuela falleció. Era mi refugio: me recogía del colegio, me contaba historias inventadas y me daba las mejores sopas del mundo. Su ausencia fue un vacío enorme.

Años después, comencé a soñar con ella. Al principio eran sueños extraños, confusos. Pero con el tiempo se volvieron muy claros: ella me hablaba. No siempre con palabras, a veces con gestos o con la simple sensación de estar acompañada. Una vez me abrazó tan fuerte que me desperté llorando, pero con una paz infinita.

Durante mucho tiempo me dio vergüenza contarlo, porque temía que pensaran que estaba loca. Pero aprendí que los sueños son también puentes. En ellos, los que ya partieron nos visitan, nos aconsejan, nos consuelan. Mi abuela siempre me dice lo mismo: que cuide de mi madre, que estudie lo que realmente me hace feliz y que no me preocupe tanto por “encajar”.

Hoy lo comparto aquí porque sé que alguien más puede estar viviendo lo mismo y dudando de su experiencia. Yo sé que ella me acompaña, y eso es suficiente para mí.”

Deja un comentario

Descubre más desde Más allá del Velo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo